España tiene 17 modelos diferentes en lo que se refiere al uso de medicamentos genéricos. Para incrementar el uso de estos fármacos y, por lo tanto, reducir la factura farmacéutica, sería bueno reducir las diferencias entre Comunidades Autónomas.
Esta es la posición que los representantes de la patronal española del sector, AESEG, han mantenido en el XV Congreso Anual de EGA —la patronal europea de genéricos— que se ha celebrado en Barcelona.
Para el presidente de AESEG, Raúl Díaz-Varela, deben reducirse las diferencias entre las Comunidades. En el congreso han participado representantes de tres Comunidades Autónomas, entre ellas Andalucía y Cataluña, que son las que más genéricos recetan y las que más ahorran en la factura farmacéutica, aunque han llegado por caminos distintos.
Por un lado, el modelo andaluz, donde lo que se receta no es un medicamento, sino un principio activo, y el farmacéutico debe dispensar el más barato. En el polo opuesto, el modelo catalán, en el que lo que hay es incentivos al control del gasto farmacéutico. Al final, ambos consiguen ser los modelos que llevan a una mayor proporción de recetas de genéricos. Pero en medio están el resto de Comunidades, con modelos que incentivan poco los genéricos y que, por lo tanto, no ayudan a la contención del gasto.
AESEG asegura que las Comunidades con mayor déficit en el presupuesto de Sanidad son aquellas que tienen políticas menos incentivadoras de la receta de genéricos. Andalucía, Baleares, Madrid, Cataluña, Cantabria, Melilla y Castilla-León son las comunidades que están por encima de la media nacional en la dispensación de genéricos, tanto en volumen como en facturación, con grandes diferencias con las Comuniades que van a la cola: La Rioja, Valencia, Canarias, Murcia y Galicia.
Modelo agotado
Para el presidente de la patronal española, el modelo nacional de precios de los medicamentos está agotado y ha situado al país en la cola europea, con sólo Italia por detrás. En Europa, los medicamentos genéricos tienen una cuota de mercado de entre el 30% y el 35%, mientras que en España sólo llegan al 7%.
Esto, junto a la presión a la baja del precio de los medicamentos, lleva a que muchas moléculas estén ya por debajo del umbral de la rentabilidad. Por ello reclama un cambio de política para facilitar el desarrollo de esta industria y evitar que abandone el país.
Según los cálculos de la patronal, los medicamentos genéricos han supuesto un ahorro de la factura farmacéutica de 6.800 millones en los últimos diez años. Y pese a la presión a la baja de los precios, en el próximo lustro podrían aportar un ahorro de otros 3.000 millones de euros. Para ello, sería necesario que alcanzaran una cuota de mercado del 20% del total, más cercana a la media de los países de la Unión Europea.
Para ello, la patronal reclama al Gobierno políticas a medio plazo decididas de promoción e incentivación, y no sólo actuar a corto plazo sobre la oferta —los precios—, sino también sobre la demanda —con un aumento de recetas de genéricos—.
Otras medidas pasarían por la exclusión de los genéricos en el copago, la incentivación a los médicos para el control del gasto, mediante un aumento en la prescripción de genéricos, con especial énfasis en los especialistas y que en caso de prescripción por principio activo o en caso de sustitución, existiera la obligatoriedad de dispensar un genérico.
La patronal española AESEG también reclama una mayor formación de los médicos, sobre todo de los especialistas, para acabar con los tópicos que dificultan la receta y dispensación de genéricos. Pero sobre todo reclaman a las autoridades sanitarias una modificación del sistema de cálculo de precios de referencia, que consideran que es el principal escollo.
Los precios de referencia a la baja frenan el desarrollo del mercado de genéricos
Uno de los principales frenos al desarrollo del mercado de medicamentos genéricos en España es el bajo precio de los productos originales, según aseguró a LA GACETA el presidente de la patronal AESEG, Raúl Díaz-Varela. Afirma que España siempre ha sido un país con medicamentos de precios bajos, de entre 15 y 20 euros de media, frente a unos 40 euros de media en Europa.
En su opinión, se ha actuado de forma cortoplacista, utilizando los precios de referencia para bajar la factura farmacéutica de forma inmediata, pero sin una estrategia clara a medio y largo plazo. Esto genera que los medicamentos caigan por debajo del umbral de rentabilidad y algunas moléculas dejen de comercializarse.
Por ello propone una estrategia a medio o largo plazo en la que no se utilice el genérico para presionar a la baja el precio de las marcas, sino que se incentive la oferta, básicamente con una mayor prescripción de principios activos o genéricos.
Estos argumentos los apoya con números. El gasto farmacéutico sólo aumentó un 5% en los últimos doce meses (frente a crecimientos históricos anuales del 10%), y más por el aumento y envejecimiento de la población que por el aumento de precios de los fármacos.
Los medicamentos más baratos bajan de precio. Un 1% los que cuestan hasta 2 euros, el 5,6% los que cuestan hasta 4 euros, el 3,8% los de entre 4 y 8,34 euros y el 2,1% los de entre 8,35 y 11,99 euros. Los medicamentos más caros son los que suben de precio: el 4,7% de 12 a 29,99 euros, el 11,2% los de 30 a 89,61 euros, y el 17% los que cuestan más de 89,62 euros.
Esto, según Díaz-Varela, es una señal de alarma, ya que sólo suben de precio los medicamentos de más de 12 euros y especialmente los de más de 30 euros, con lo que no se puede poner el peso de la sostenibilidad del sistema en unos medicamentos que ya son de por sí muy baratos.